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No podemos vivir sin ellas. Están siempre ahí, a nuestro lado, incansables. Y en ocasiones llegan a ser un verdadero sumidero de energía. Precisamente por eso tenemos que aprender a convivir con ellas y prestarles la mínima atención posible. Si no acabaremos viviendo nuestras circunstancias, y no nuestra vida. Y tú, ¿qué prefieres vivir?

Una de las cosas más difíciles que he aprendido es aceptar la frustración cuando algo que no me gusta está fuera de mi alcance. Soy bastante peleón, inconformista y todos esos “palabros” que están tan de moda últimamente y que incitan al “todo es posible”. Si bien es cierto que “en teoría todo es posible”, eso no significa que podamos cambiar cualquier cosa a nuestro antojo. Significa, más bien, que si intentas todo lo que está en tu mano es bastante probable que algún día lo consigas. Y este es el motivo de que no podamos quedarnos viviendo en nuestras circunstancias.

Intentar todo lo que está en nuestras manos lleva implícito un mensaje tremendamente útil, y es que no debemos invertir más energía que la necesaria en cosas que están fuera de nuestra zona de influencia. Tenemos que decidir si de verdad podemos hacer algo para cambiar una situación -y si es así, ¡hazlo!-, o si por lo contrario tenemos que asumir la imposibilidad del cambio y buscar rutas alternativas. Lo bueno es que siempre hay alternativas, y aunque no formen parte del camino tan bonito que habíamos imaginado, sin duda forman parte de los caminos reales.

En el fondo es una cuestión de foco: si gastas toda tu energía en lo que no puedes cambiar te quedas sin energía para lo que si podrías. Lo difícil es acertar, soy consciente de ello, pero buscar alternativas nunca es una pérdida de tiempo. Pueden funcionar, y aún cuando no lo hagan nos darán algo más de información que sin duda podremos aprovechar para continuar nuestro camino. Me viene una frase a la cabeza

“No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla.”
Thomas Alva Edison

Es difícil, muy difícil, encontrar el equilibrio. No podemos probar y si sale mal buscar otra forma. Quizá tan sólo con un pequeño cambio… Pero tampoco podemos quedarnos atascados. Yo en estas situaciones, como en muchas otras, intento alejarme del deseo y acercarme a la intuición. Que cada cual busque su forma, la que mejor le funcione, pero si llevas mucho tiempo intentando cambiar algo que no depende de ti… ¿a qué esperas para asumir que nunca cambiará? Solo entonces podrás buscar nuevas formas de intentarlo y, quien sabe, ¡quizá en la siguiente lo consigas!

Prueba la pastilla roja y, si no funciona, entonces ¡prueba la azul! No podemos obtener resultados diferentes si hacemos siempre lo mismo. Asumir que no podemos cambiarlo todo nos abre las puertas a cambiar mucho, ¡compruébalo!

Foto cortesía de Hector García (Kirai)