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A nuestro querido cerebro le gustan los hábitos. Energéticamente hablando son bastante baratos y ya sabemos que nuestro cerebro es un gran ahorrador. El problema es que generar nuevos hábitos implica un cambio, y los cambios no le gustan tanto. Ni son tan baratos.

Todavía estamos lejos de empezar un nuevo año y hacer todos esos planes y promesas que harán que nuestra vida mejore. ¡Año nuevo vida nueva! Sin embargo estoy seguro que muchos de esos planes del año pasado hace ya tiempo que cayeron en el olvido. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Qué hace tan difícil generar un nuevo hábito? Seguro que hay más, pero aquí os dejo una lista de algunos obstáculos con los que nos solemos encontrar a la hora de generar un nuevo hábito.

Pérdida de motivación

Empezar un nuevo hábito es bastante sencillo. ¡Estamos motivadísimos! La idea de cambiar y ser mejores nos gusta tanto que nos da la fuerza necesaria para empezar una nueva dieta, un plan de entrenamiento o dejar de fumar. El problema es que a los pocos días de empezar esa motivación se va viniendo abajo. La realidad supera la ficción y no es tan bonita como habíamos imaginado, así que abandonamos antes de poder obtener la recompensa.

Olvido

Los hábitos nos hacen actuar de forma automática, pero es bastante normal que a la hora de empezar a crear una nueva rutina se nos olviden las cosas. Si todos los días te haces un zumo de naranja para desayunar puedes utilizar el exprimidor con los ojos todavía medio cerrados. Si un domingo por la noche decides que a partir de mañana vas a empezar a prepararte un zumo de naranja para desayunar, lo más normal es que, con suerte, el lunes te acuerdes del zumo a mitad del desayuno. Incluso a media mañana cuando bajes al bar y veas a alguien tomándose uno.

Pérdida de confianza

Cuando las cosas se ponen feas aparecen los demonios: “esto es imposible”, “no necesitas pasar por esto”, “aunque hoy me lo salte no pasa nada” y similares inundan nuestra cabeza hasta que, finalmente, cedemos. Es fácil para el cerebro ponernos delante excusas que nos saquen de la situación incómoda en la que nos encontramos. Abandonar sin sentirnos culpables, ese es su truco.

Fallar y tirar la toalla

Acabamos de empezar una nueva dieta y nos la saltamos una o dos veces. Somos débiles, es comprensible, pero nos sentimos fatal. Sentimos como si tuviéramos que volver a empezar de cero y eso nos desmotiva muchísimo. La batalla es clara, “volver a empezar” contra “si ya total por una vez más”. Sabéis quién gana, ¿verdad?

Distracciones

Que fácil es hacer todo tipo de cosas antes que eso que nos habíamos propuesto hacer, ¿verdad?. Hay tantas cosas divertidas a nuestro alrededor… Internet, el móvil, la tele, la nevera y algunas cosas más son muchísimo más atractivas que, por ejemplo, salir a correr. Procrastinación en estado puro.

Imprevistos

Siempre surgen en el peor momento. Los imprevistos aparecen y se colocan en la parte superior de nuestra escala de prioridades, empujando sin remedio a nuestro nuevo hábito hacia abajo. El verdadero problema es que cuando el imprevisto se soluciona no devolvemos el hábito a su sitio en la lista de prioridades. Lo damos por perdido, sin más. ¿Volver a empezar? Ya hemos hablado de esto antes: no, gracias.

¿Te sientes reflejado? Seguro que si, ¡nos pasa a todos! Estate atento al blog porque en breve publicaré un post explicando qué podemos hacer para mejorar la adherencia y crear nuevos hábitos de forma exitosa ;)