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Que importante es saber dirigir nuestra mirada hacia el sitio correcto. Cuando empiezas a surfear, por ejemplo, todo el mundo tiene la manía de mirar hacia abajo, hacia la tabla. Supongo que tenemos miedo de que la tabla no esté ahí a la hora de levantarnos. Pero es que incluso una vez en pie, seguimos mirando hacia la tabla. Y así nos va. En lugar de pillar la pared y seguir navegando por la ola, nos hacemos un bonito recto y nos comen las espumas.

Y pasa lo mismo cuando empezamos a hacer snow, o a patinar, o a montar en bici. Incluso cuando estamos aprendiendo a conducir. Si miras fijamente a un obstáculo, acabas chocando con el. Recuerdo al profesor de la autoescuela en mis primeras clases tratando de convencerme de no mirar fijamente a los coches aparcados en una calle estrecha, o terminaría chocando con algún retrovisor. Y es que al final, vamos hacia donde miramos. Al menos cuando estamos aprendiendo.

Estoy seguro que todos habéis comprobado esto alguna vez. Y también estoy seguro que habéis comprobado lo siguiente: al cerebro le pasa lo mismo. Cuando dirigimos nuestros pensamientos hacía algo en concreto es muy difícil cambiar de dirección. Y esto, que puede ser muy útil si se utiliza bien, también puede convertirse en la mayor de nuestras desgracias.

¿Habéis intentado alguna vez olvidar algo? ¡Es dificilísimo! Por muchas veces que te repitas a ti mismo que deberías dejar de pensar en ello, que no te hace ningún bien, no puedes hacerlo. Vueltas, vueltas y más vueltas a lo mismo. No hay salida. No se puede olvidar algo si no dejamos de pensar en ello. Pero hay un pequeño truco que yo utilizo para conseguirlo: si quieres dejar de pensar en algo, ¡piensa en otra cosa! Fácil y sencillo, ¿no?

Voy a tomar prestada una metáfora del libro Tu Empresa Secreta de Carlos Rebate que me gustó mucho por lo bien que explica este concepto de forma muy sencilla. El cerebro es como una cueva sumida en la oscuridad, y nuestros pensamientos son una antorcha. Podemos iluminar con ellos unas u otras zonas, sin olvidar que solo veremos aquello que iluminemos.

Os decía hace unas líneas que es muy difícil olvidar algo de forma consciente, y que mi pequeño truco para dejar de pensar en algo es pensar en otra cosa. Y es que aunque parezca evidente, no solemos hacerlo así. Normalmente intentamos dejar de pensar en algo intentando no pensar en ello. Sin embargo, eso sólo hace que nos resulte más difícil conseguirlo.

Es como si intentamos no ver lo que estamos iluminando en nuestra cueva. ¡No podemos! Es lo único que está iluminado y por eso no podemos dejar de verlo. ¿Recordáis esa broma infantil de escribir “tonto el que lo lea” y esperar a que todos lo lean? Somos incapaces de no leer algo a lo que estamos mirando. Podemos no querer leerlo, pero nuestro cerebro pasa de nosotros y, queramos o no, lo va a leer. Es algo bastante fácil de comprobar.

Tanto como si quieres evitar golpear tu coche contra el retrovisor de un coche aparcado como si quieres mejorar tu surfing, tienes que aprender a mirar hacía otro lado. Y lo mismo si quieres olvidarte de algo. No es fácil, lo sé. Pero puede hacerse. Aunque no es algo que nos salga de forma inconsciente.

Tenemos que tomar las riendas y dirigir nuestra mirada, nuestros pensamientos. Y si por algún motivo volvemos a mirar dónde no queremos, darnos cuenta lo antes posible y volver a cambiar. Cada intento nos resultará más sencillo hasta que al final, olvidaremos por completo aquello de lo que pretendíamos huir.

Ya para terminar os dejo una leyenda, dicen que de los indios Cherokee, que ilustra muy bien todo esto.

– Un hombre dijo a su nieto: “siento como si tuviera en el corazón dos lobos que se están peleando. Uno de ellos es violento, está siempre enojado y queriéndose vengar. El otro está repleto de perdón, compasión y amor”.
– El niño le preguntó: “¿Cuál de los dos será el que gane la pelea y se quede en tu corazón?”.
– A lo que el abuelo le respondió: “El que yo alimente”.

Espero que a partir de ahora empieces a dirigir tu mirada… y tu antorcha ;)

Foto de cabecera: Stefan Kellner