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* Este post continúa una serie de entradas con las que compartiré el contenido de una charla que tuve el placer de dar a unos estudiantes de grado medio a punto de empezar su periodo de prácticas en empresas. Si todavía no lo has hecho y quieres leer la intro, puedes hacerlo aquí. ¡Vamos con la primera frase!

 

Yo paso de estudiar en casa, si quieren que aprenda algo nuevo, ¡que me den un curso! 

 

¿Cuántas veces habéis escuchado esta frase? Si lleváis unos años trabajando, estoy seguro que muchas. Si acabáis de empezar os prometo que no tardaréis demasiado en escucharla por primer vez. Y no digo que no tenga parte de razón. Es cierto que las empresas deberían tener buenos programas de formación. Y hay una pequeña historia que me encanta contar cuando se habla sobre formación en el mundo empresarial.

Un día estaban hablando el CEO  (Director Ejecutivo) y el CFO (Director Financiero) de una gran empresa sobre el plan de formación del año siguiente. El CFO defendía que no podían pagarles cursos tan caros a los empleados. – ¿Qué pasa si después de pagarles esos cursos, se van? – El CEO le miró, y al más puro estilo gallego le respondió con otra pregunta. – ¿Y qué crees que pasará si no les formamos, y se quedan?

Mejor ni responder, ¿verdad?. La formación es necesaria. Desde el primer día que empiezas a trabajar, hasta el último. Y es cierto que una buena empresa debería ser la primera interesada en tener trabajadores bien formados. El siglo pasado era diferente, las cosas iban a otro ritmo y era relativamente sencillo “vivir de las rentas”. Pero a día de hoy, el que no aprende de forma continua se queda atrás. Y además, lo hace muy rápido.

Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede. (Edward Benjamin Britten)

Por eso no podemos supeditar nuestra formación a que la empresa para la que trabajamos nos la ofrezca. Podemos luchar por ello (y debemos hacerlo). O podemos cambiarnos de empresa a una que ofrezca mejores planes de formación. Pero lo que no podemos hacer es quejarnos y punto. Quejarnos y quejarnos y quejarnos, y no hacer nada más. Soy consciente que no podemos olvidarnos de las circunstancias personales de cada uno. Quizá no podamos luchar porque no estamos en una buena posición, y cambiarse de empresa no es algo que se consigue del día a la mañana (o si, pero muchas veces para irnos a otra parecida). Pero siempre podemos decidir formarnos nosotros mismos. Y debemos hacerlo.

No podemos esperar que otros solucionen nuestros problemas.

Tenemos la gran suerte de vivir el momento de la historia con mayor facilidad de acceso a la información. Hay muchísima formación gratuita (y de pago a precios muy interesantes) y de gran calidad disponible para todo el mundo en internet. Eso si, el acceso a la información es una cosa, pero tenerlo no va a hacernos adquirir el conocimiento como por arte de magia. Hay que echarle horas. Y eso ya es cosa nuestra. Personalmente, después de llevar toda la vida estudiando (colegio, instituto, y después la universidad), cuando por fin conseguí mi título universitario me puse a trabajar en otro sector y tuve que empezar a estudiar otra vez. De cero. Y 14 años después sigo haciéndolo casi a diario. ¡Y lo que me queda!

Nadie dijo que el camino adecuado fuera el más fácil.

No es fácil, pero como siempre digo, difícil significa posible. No podemos pretender estar por encima de la media haciendo lo mismo que hacen todos. Por suerte o por desgracia (y cuando digo esto muchos me miran con cara rara), creo que en España no es excesivamente difícil sobresalir. Y la ventaja de sobresalir, aunque solo sea un poquito, es que te abre muchas puertas. Y una de esas puertas puede ser la que buscabas, la que te haga feliz y te permita tener un sueldo digno. Pero si, para sobresalir hay que estudiar. Mucho. A diario.

¿A qué esperas para empezar? ;)

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Foto de cabecera: Moyan Brenn