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Soy consciente de que levantaré algunas ampollas con este post, pero no estaría siendo sincero si no lo escribiera. Creo firmemente que sobran títulos, y falta pasión. Como algunos ya sabéis soy Licenciado en Ciencias Químicas, aunque nunca he ejercido como tal. Sin embargo, he trabajado más de doce años como consultor tecnológico diseñando y desarrollando aplicaciones de software. Y también, aunque de forma esporádica, he trabajado como fotógrafo, videógrafo, formador, coach y alguna cosa más. Se podría decir que siempre he sido culpable de eso que algunos llaman “intrusismo laboral”. Y lejos de sentirme culpable, la verdad es que me siento bastante orgulloso de ello.

¿Debe alguien “sin título” ejercer una profesión? Mi respuesta, como si fuera gallego, va en forma de pregunta: ¿está capacitado para ello? Creo que si está capacitado para ello puede y debe ejercerla, tenga o no tenga un título que lo acredite. Y la capacitación no depende única y exclusivamente de un título conseguido a través de un sistema de educación bastante mediocre. Y utilizo mediocre en su más puro significado, ya que se puede obtener casi cualquier título con una nota media de 5…

En mi humilde opinión, los títulos deberían concederse a título póstumo. Si alguien ha demostrado con su trabajo que está capacitado para hacerlo bien, entonces debería ser reconocido como tal. Nunca antes. Si los títulos significaran inequívocamente buenos profesionales, en el mundo actual la gran mayoría de negocios deberían tener un rendimiento excelente. La realidad, sin embargo, nos muestra algo muy diferente.

Los títulos, tal y como los conocemos en la actualidad, demuestran que hemos sido capaces, en algún momento de nuestra vida, de aprender una serie de conocimientos. No dicen nada sobre lo bien o mal que los utilizaremos ni si seguiremos adquiriendo conocimientos nuevos en el futuro. Tampoco dicen nada sobre las ganas con las que vamos a hacer nuestro trabajo, ni las motivaciones que se esconden detrás. Y todo esto, entre otras muchas cosas que no dicen los títulos, influye de forma directa en el resultado de nuestro desempeño.

Tampoco quiero decir con esto que cualquiera pueda trabajar de cualquier cosa. ¡Por supuesto que no! Durante todos estos años que llevo trabajando he visto grandes profesionales titulados y no titulados, y también he visto grandes farsantes con, y sin título. Lo que si tenían en común esos grandes profesionales era la pasión. Les gustaba tanto su trabajo que no dejaban nunca de estudiar, de replantearse si había mejores formas de hacer las cosas, de cuestionar lo aprendido, de probar cosas nuevas. Y todos y cada uno de ellos ponían toda la carne en el asador.

Las reglas del juego han cambiado. Hace no demasiado tiempo era bastante improbable que alguien sin una titulación tuviera el conocimiento suficiente sobre una materia salvo que fuera, durante muchos años, aprendiz de un buen maestro. Hoy en día la información está ahí, al alcance de la mano de gran parte de la humanidad y a un coste muy asumible. Y cualquiera con muchas ganas, si se lo propone, puede llegar a ser un gran profesional en casi cualquier área. Y no creo que esta tendencia vaya a desaparecer, sino todo lo contrario. Creo que es algo en auge.

Por mi parte seguiré estudiando todo aquello que me motive y me haga ser mejor persona y mejor profesional. Sea cual sea mi trabajo, que cambiará, indudablemente, unas cuantas veces más. Ya no hay un trabajo para toda la vida, y no me refiero solo a la duración del mismo. Lo dicho, más pasión y menos títulos.

Foto: Sergio Rivas