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Típicos tópicos del mundo laboral – ¡Eso no es cosa mía!

Yo paso de hacer eso, ¡eso no es cosa mía!

Creo que con tanto título, rol, competencia, puesto de trabajo o como le queramos llamar, se nos ha ido de las manos. Y además hemos creado unas estructuras jerárquicas gigantes que, lejos de facilitar el trabajo, lo entorpecen. Y lo hacen porque hemos separado tanto las responsabilidades que, en la mayoría de los casos, hay tareas que no se sabe demasiado bien a quién corresponden. Tareas que quedan en tierra de nadie y que muchas veces, aún siendo necesarias, se quedan sin hacer.

A día de hoy hay muy pocas personas que sean capaces de generar valor por si solas. Vivimos en un mundo acelerado que no para de cambiar. Cada día salen nuevos productos, nuevas tecnologías, nuevas herramientas, nuevas metodologías… Y los intereses de negocio van de un sitio a otro sin parar. Lo que hace 6 meses era lo más importante del mundo hoy le da igual a todos porque ha pasado de moda y “ya no vende”. Por eso, y sobre todo en el mundo empresarial, el trabajo en equipo se hace cada vez más necesario. El problema es que, tal y como yo lo veo, muy pocas veces trabajamos en equipo.

Trabajar juntos, en grupo, no es ni de lejos trabajar en equipo.

Para trabajar bien en equipo lo primero que tiene que suceder es que exista un único objetivo, un objetivo común. Un objetivo de equipo. Y todas las personas que pertenezcan a el deben dejar a un lado sus intereses personales por el bien de ese interés común. Cuando trabajamos en equipo no hay cosas de nadie. Y me diréis, ¿y si alguien no hace su trabajo? ¿por qué tengo que hacerlo yo? ¡No es justo!

El mar y el cerebro

Quizá porque se acerca el verano, o simplemente porque lleva ya demasiado tiempo en mi cabeza, pero hoy voy a hablaros de surf. Bueno, no exactamente. Más bien de un pequeño símil que se me ocurrió una de las incontables veces que me he quedado absorto mirando al mar, disfrutándolo e intentando comprenderlo mejor para poder sacarle el máximo partido. Más o menos lo mismo que suelo hacer con nuestro querido cerebro, el otro personaje de este pequeño paralelismo.

Las playas tienen cierta cadencia respecto a la forma de sus fondos y, por tanto, de sus rompientes (olas). Con cada marea, ola a ola, la arena del fondo se va colocando en los bancos de arena, dejando también unos surcos que aprovechará el agua para salir más cómodamente de la playa y volver al mar. Estas son nuestras queridas/odiadas corrientes, sobre las que hablaremos otro día.

El caso es que por su localización, forma, orientación y algunos otros aspectos, cada playa acaba teniendo unos fondos que la hacen comportarse de una forma concreta la mayor parte del año. Y creo que nuestro cerebro se comporta de la misma manera.

Ojos, cerebro, trabajo en equipo y liderazgo

Ya sabéis que me encanta la biomimética (imitar a la naturaleza), y el otro día leyendo El punto ciego: Psicología del autoengaño de mi tocayo Goleman, recordé algo con lo que muchos hemos jugado alguna vez cuando éramos pequeños: el experimento del punto ciego. ¿Os acordáis?

El punto ciego es la zona de la retina donde aparece el nervio óptico, y al carecer esta zona de células sensibles a la luz perdemos por completo la sensibilidad óptica. Podemos comprobarlo fácilmente utilizando la imagen de arriba. Solo hay que taparse un ojo, mirar fijamente a la mariposa y acercarnos (o alejarnos) lentamente hasta que perdamos de vista el diamante negro de la derecha.

¿Por qué no nos damos cuenta de esto? Por suerte tenemos dos ojos que hacen un trabajo en equipo increíble, y un buen líder llamado cerebro para orquestar dicho trabajo. El cerebro recrea la imagen final mezclando la información recibida de ambos ojos evitando así esas carencias que tienen por separado.