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¡Qué demonios!

Acabo de terminar el último libro de Dan Ariely “Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos: La ciencia del engaño puesta al descubierto” y la verdad es que, como siempre, me ha encantado. Un libro, al igual que los dos anteriores, lleno de experimentos que sirven para demostrar nuestra irracionalidad.

Hay muchas cosas que me quedo del libro, pero quería comentar una concreta aquí. Lo que Dan Ariely ha tenido a bien llamar, efecto qué demonios. Con uno de sus experimentos quería comprobar si, una vez que hemos sido deshonestos, nos resulta más fácil seguir siéndolo. Y en efecto así sucedía. ¡Qué demonios! Ya que hemos empezado…

Lo que me gusta de este efecto es su aplicación a otros comportamientos, como por ejemplo la generación de nuevos hábitos o la eliminación de los malos. Estamos dejando de fumar, sentimos un momento de debilidad, nos fumamos un cigarrillo y ¡qué demonios! Acabamos fumándonos un paquete entero. O nos ponemos a dieta y quizá debido al cansancio probamos una pequeña porción de ese pastel tan apetitoso y ¡qué demonios! Acabamos comiéndonos el pastel entero, y probablemente alguna cosa más. Igual que si faltamos un par de días al gimnasio y de repente ese par de días se transforman en un par de semanas sin que nos demos cuenta…

Cambiaré cuando…

Se acerca el inicio de un nuevo año y como siempre mucha gente hará una lista de buenos propósitos. Este año voy a hacer más deporte, voy a comer mejor… ¿Por qué esperar? Si de verdad quieres cambiar algo, ¡hazlo ya! Y lo que es peor, y un poco más doloroso, ¿qué sucedió con los buenos propósitos del año pasado?

Y es que empezamos mal desde el principio. Solemos seguir el siguiente patrón, “cambiaré cuando…”. En cuanto empiece el año me apunto al gimnasio, cuando tenga más tiempo libre leeré más, a partir del lunes dejo de fumar, les trataré de otra forma cuando ellos cambien… hay un millón de ejemplos. Y estaréis conmigo en que no es un patrón del que podamos obtener muy buenos resultados, ¿verdad? Sin embargo, lo que si nos da es una gran cantidad de excusas para evitar sentirnos mal con nosotros mismos.

Las personas solo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias de no hacerlo
Mario Alonso Puig

Trucos para generar nuevos hábitos

El otro días hablábamos sobre los problemas que nos surgen cuando intentamos generar nuevos hábitos. Hoy hablaremos sobre pequeños trucos que nos permitirán mejorar nuestra adherencia y fijar esos nuevos hábitos en nuestra rutina. ¿Te apuntas?

Para seguir con el mismo formato recordaremos los problemas que enumerábamos

Pérdida de motivación

La mejor forma de evitar la pérdida de motivación es tener un gran compromiso con nuestra causa. Los planes racionales, los pequeños planes, no motivan. O al menos no lo hacen en el medio ni en el largo plazo. ¿Y cómo consigo tener ese gran compromiso? ¡Mójate! Cuéntaselo a todo el mundo y comprométete a hacer algo que te “duela” si faltas a tu compromiso (el típico “te pago una cena si vuelvo a fumar”, pero en lugar de hacerlo con un solo amigo hacerlo con TODOS tus conocidos). Aunque si os soy sincero, las mejores motivaciones son las intrínsecas (las que nos salen de dentro, nuestra vocación). Es muy útil saber como mejorar nuestra motivación, pero es más útil todavía encontrar lo que nos motiva de serie ;)

Problemas al generar nuevos hábitos

A nuestro querido cerebro le gustan los hábitos. Energéticamente hablando son bastante baratos y ya sabemos que nuestro cerebro es un gran ahorrador. El problema es que generar nuevos hábitos implica un cambio, y los cambios no le gustan tanto. Ni son tan baratos.

Todavía estamos lejos de empezar un nuevo año y hacer todos esos planes y promesas que harán que nuestra vida mejore. ¡Año nuevo vida nueva! Sin embargo estoy seguro que muchos de esos planes del año pasado hace ya tiempo que cayeron en el olvido. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Qué hace tan difícil generar un nuevo hábito? Seguro que hay más, pero aquí os dejo una lista de algunos obstáculos con los que nos solemos encontrar a la hora de generar un nuevo hábito.

Pérdida de motivación

Empezar un nuevo hábito es bastante sencillo. ¡Estamos motivadísimos! La idea de cambiar y ser mejores nos gusta tanto que nos da la fuerza necesaria para empezar una nueva dieta, un plan de entrenamiento o dejar de fumar. El problema es que a los pocos días de empezar esa motivación se va viniendo abajo. La realidad supera la ficción y no es tan bonita como habíamos imaginado, así que abandonamos antes de poder obtener la recompensa.