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No te precipites

Estoy seguro de que todos habéis tirado alguna piedra a un agua completamente en calma. Es precioso. Primero un pequeño “estruendo” seguido de las increíbles ondas que van disminuyendo en tamaño al alejarse del centro. Y si dejamos pasar el suficiente tiempo todo vuelve a su calma. Parece que ese agua no se haya movido nunca.

¿Podemos aprender algo de este comportamiento? Yo creo que si, ¡podemos aprender mucho!

Nuestro comportamiento tiene mucho que ver con esta forma de funcionar. De repente tenemos una idea y nos parece genial, maravillosa, ¡la mejor idea que hemos tenido nunca! Tanto que en ocasiones abandonamos todo lo que estamos haciendo para ponernos de inmediato con esa idea. ¡Si no lo hacemos ahora nos la van a robar! O cuando de repente hacemos una compra compulsiva porque ¡lo necesito ya!

Hay muchos ejemplos pero todos tienen algo en común: la decisión la están tomando nuestras emociones, no nosotros. Es una especie de secuestro emocional. El problema es que cuando baja el subidón (de dopamina en este caso) nos damos cuenta de lo sobrevalorado de nuestra actuación.

El cuarto de segundo mágico del secuestro emocional

Quizá todavía no hayáis escuchado el término “secuestro emocional” (si me conoces seguro que sí), pero todos hemos sido secuestrados muchas veces. ¡Algunos incluso varias veces al día! En las situaciones críticas la amígdala (llamémosla cerebro emocional o primitivo) toma el control sobre el neocórtex (cerebro racional, moderno, evolucionado), lo que significa que perdemos la capacidad de razonar y actuamos por instinto. Y este instinto no es más que una serie de respuestas automáticas que en algún momento de nuestras vidas aprendimos, y que ahora repetimos sin juicio alguno.

El problema es que suele ser en la infancia donde se establecen todas estas respuestas automáticas y, espero que estéis todos de acuerdo conmigo, sin duda no es la mejor edad para decidir cómo vamos a comportarnos el resto de nuestras vidas. Pensar por un momento en la típica discusión de enamorados. Son como niños, ¿verdad? ¿Y cuándo el jefe explota? Comportamiento infantil, irracional… ¿lo vas pillando? ;)

Lo que en su momento fue un mecanismo perfectamente válido para la supervivencia del ser humano -salir corriendo ante un peligro es tan válido para un niño como para un adulto- deja de tener sentido en la vida actual. Hace mucho que salimos de las cavernas pero nuestro cerebro no evoluciona tan deprisa.