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Mientras leía hace ya unos meses Los Secretos de la Motivación, de José Antonio Marina (uno de mis últimos descubrimientos y que ha pasado a formar parte de mis autores españoles favoritos), se me pasó en más de una ocasión por la cabeza la idea de que la motivación tiene diferentes grados de madurez. Si no recuerdo mal en el libro José Antonio hablaba de cuatro tipos de motivación, y mirando un poco hacia mis adentros descubrí la siguiente correlación. Ya me contaréis si os encaja ;)

La motivación hedonista. El placer. Todos conocemos este tipo de motivación, y creo sin duda que es la más fácil y temprana de todas. Es fácil tener ganas de hacer algo cuando ese algo nos retorna placer de forma inmediata. Un tipo de motivación muy potente, pero también muy peligrosa para el ser humano del siglo XXI, ya que es demasiado cortoplacista y como hemos hablado en más de una ocasión, las reglas del juego han cambiado.

El ser social. La fama, el reconocimiento. Manadas, tribus, sociedades… está claro que somos seres sociales, y a medida que vamos madurando empezamos a sentir la necesidad de posicionarnos dentro de nuestro grupo, y nace entonces este segundo tipo de motivación: el reconocimiento social. Queremos que los demás reconozcan nuestra valía y eso nos motiva para desarrollar todo nuestro potencial, aunque en ocasiones también puede hacernos actuar de forma equivocada. Otro día hablamos sobre esta necesidad de apariencia en la que algunos se quedan anclados de por vida.

Sentirse capaz, sentirse útil. Si seguimos en la escala de maduración nos encontramos con este tercer tipo de motivación. Ya hemos aprendido que en ocasiones nuestros actos no pueden ser guiados solo por el placer, y hemos empezado a desarrollarnos para posicionarnos en nuestro grupo. Pero queremos más. Sentimos que falta algo. Necesitamos sentirnos capaces y sentirnos útiles. La sensación de autosuperación, de estar aportando algo al mundo, empieza a ser para algunos un buen arma para mantener la motivación necesaria para realizar algunas tareas, como por ejemplo la formación contínua de toda una vida. Por desgracia no todo el mundo alcanza este tercer nivel.

Y el último, el que considero más importante y también más difícil, el sentido del deber. Encontrar la motivación simple y llanamente en algo tan poco gratificante (a priori) como un “tengo que hacerlo” no es tarea fácil. Llevar una dieta sana y tener unos hábitos de vida saludables es un buen ejemplo de este último nivel de motivación. No es sencillo, las recompensas solo se ven en el largo plazo y no son explosiones de hormonas si no algo mucho más sutil. Se podría decir que el premio no es tan apetecible como en el resto de los niveles de motivación. Sin embargo, creo que si se aprende a utilizarlo bien, en conjunción con el resto de niveles, puede ser la clave para el desarrollo personal.

Si quiero mejorar como persona tengo que asumir que no soy perfecto y tengo que mirar en mi interior, e identificar aquellas cosas que no me gustan para poder cambiarlas. Y esto no da placer, más bien provoca dolor. Y socialmente no está bien visto ya que nos muestra débiles, imperfectos. Y asumirlo nos posiciona como menos capaces y menos útiles (si lo comparamos, claro está, con nuestra percepción equivocada de nosotros mismos de antes de hacer esta reflexión). No hay nada a lo que agarrarse salvo este último nivel, el sentido del deber, que sabemos que da recompensas sutiles y siempre en el medio/largo plazo.

Alcanzar este nivel de motivación no es sencillo, pero cuando lo consigues tu vida cambia por completo. Y poco a poco, si lo sabemos gestionar, empieza a dar recompensas. Es más, creo que es lo que diferencia a las personas que sobresalen del resto del mundo. Vemos con frecuencia que no todas las personas “con éxito” son increíblemente inteligentes ni asombrosamente hábiles (otras si, pero no todas). Sin embargo todas estas personas tienen un gran sentido del deber. Saben que no todo es placer inmediato, que no todo es reconocimiento social, que no son perfectos. Y que para llegar dónde quieren TIENEN QUE HACERLO. Simplemente eso.

¿Te atreves?