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El efecto ganador

A todos nos gusta ganar, ¿verdad? Además, los ganadores suelen ganar siempre (o casi siempre), y cuando existe un patrón suele tener una justificación detrás. ¿Por qué sucede esto?

Ya os comentaba ayer cuando hablábamos sobre dividir y vencer que el efecto ganador (winner effect) nos iba a ayudar, y aquí os dejo un vídeo de redes donde el psicólogo Ian Robertson nos cuenta en poco más de 15 minutos todo lo que necesitamos saber para sacarle partido.

Aunque el éxito también tiene su cara fea, ya que para bien o para mal actúa como una droga y puede llegar a intoxicar nuestro cerebro (intoxicación producida por un exceso de testosterona y dopamina). El poder corrompe, y la ciencia ya lo ha confirmado. Después de ver este vídeo entenderás porqué tu jefe se comporta a veces de manera tan egoísta o como pudo influir todo esto en la crisis de 2008, y sabrás que el éxito utiliza los mismos circuitos neuronales que el sexo y la cocaína (el circuito de recompensa dopaminérgico).

Divide y vencerás

El otro día terminaba con un ¡prioriza y empieza! como arma contra la pereza y la procrastinación, y para no volvernos locos empezando mil cosas sin terminar ninguna. Si, lo sé, solo sirve para cosas fáciles. Quiero decir que serviría para escribir un post en nuestro blog, pero no para escribir un libro. Y en nuestra vida hay de las dos cosas así que es una pena pero…

No tienes que ser el mejor para empezar, pero tienes que empezar para ser el mejor.
Les Brown

Un momento, ¿y si le damos la vuelta?. El problema de los grandes objetivos es que nos resultan muy difíciles de manejar. Son muchísimas cosas las que tenemos que tener en cuenta y eso carga nuestra memoria de trabajo con tanta información que nos satura, impidiéndonos pensar con claridad. Si sólo pensamos en el resultado final no pondremos demasiado cariño en los detalles, y si sólo pensamos en los detalles no llegaremos nunca al final. ¿Y el escenario bueno?. ¡Divide y vencerás!

El cuarto de segundo mágico del secuestro emocional

Quizá todavía no hayáis escuchado el término «secuestro emocional» (si me conoces seguro que sí), pero todos hemos sido secuestrados muchas veces. ¡Algunos incluso varias veces al día! En las situaciones críticas la amígdala (llamémosla cerebro emocional o primitivo) toma el control sobre el neocórtex (cerebro racional, moderno, evolucionado), lo que significa que perdemos la capacidad de razonar y actuamos por instinto. Y este instinto no es más que una serie de respuestas automáticas que en algún momento de nuestras vidas aprendimos, y que ahora repetimos sin juicio alguno.

El problema es que suele ser en la infancia donde se establecen todas estas respuestas automáticas y, espero que estéis todos de acuerdo conmigo, sin duda no es la mejor edad para decidir cómo vamos a comportarnos el resto de nuestras vidas. Pensar por un momento en la típica discusión de enamorados. Son como niños, ¿verdad? ¿Y cuándo el jefe explota? Comportamiento infantil, irracional… ¿lo vas pillando? ;)

Lo que en su momento fue un mecanismo perfectamente válido para la supervivencia del ser humano -salir corriendo ante un peligro es tan válido para un niño como para un adulto- deja de tener sentido en la vida actual. Hace mucho que salimos de las cavernas pero nuestro cerebro no evoluciona tan deprisa.

El almacén abandonado

Si piensas que eres demasiado pequeño para marcar la diferencia,
intenta dormir con un mosquito en la habitación.

Me encanta este proverbio africano, y es que son los pequeños detalles los que acaban marcando la diferencia. Muchas veces pensamos que nuestros actos no son lo suficientemente trascendentales como para provocar un gran cambio, pero nos equivocamos. Voy a contaros un pequeño cuento…

Había un almacén abandonado a pocos metros del camino que comunicaba los dos pueblos más cercanos. El almacén no pertenecía a ninguno de los pueblos. Estaba en un terreno privado y había sido utilizado para diferentes ensayos en el pasado, pero llevaba ya más de seis meses sin actividad y, visto desde fuera, empezaba a notarse.

El almacén tenía varias cristaleras para iluminar bien su interior de forma natural, pero dichos cristales empezaban a estar demasiado sucios. Sin embargo, ya que nadie iba a trabajar en su interior a nadie pareció importarle. El tiempo siguió pasando y llegó un día en el que dichas cristaleras tenían tanta suciedad que parecían formar parte de los muros.

Cambiar el cerebro para cambiar el mundo

Hasta finales del siglo pasado (1999) la neurociencia pensaba que, una vez alcanza la edad adulta, el cerebro era inalterable. Ni nacían nuevas neuronas ni podían modificarse las funciones de sus estructuras. ¡Menudo plan! Por suerte a día de hoy sabemos que eso es mentira, y tanto neurogénesis como neuroplasticidad (nacimiento de nuevas neuronas y establecimiento de nuevas conexiones) son una realidad demostrada incluso en la edad adulta. Esto significa que podemos aprender cosas nuevas y que podemos cambiar nuestra forma de pensar. Solo hay un problema en todo esto, y es que para un adulto, cambiar su manera de pensar implica aceptar que estaba equivocado, y eso no sucede con demasiada frecuencia. Para aprender tenemos que estar dispuestos a cambiar de opinión. El cerebro está cambiando constantemente, y ya va siendo hora de responsabilizarnos de dicho cambio.

Os dejo un interesantísimo vídeo de un capítulo de Redes donde Richard Davidson y Daniel Goleman, junto con la colaboración de Takao K. Hensch, Matthieu Ricard, y Tenzin Gyatso (actual Dalai Lama) nos cuentan sus descubrimientos sobre el cerebro.